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Fue
testigo privilegiado de los comienzos de nuestra aviación,
cuando ARGENTINA era capaz de desarrollar
su propia tecnología aeronáutica, y fue parte activa
y entusiasta de su historia.
Nos
legó a quienes le sucedimos, una límpida trayectoria
de trabajo fecundo, de respeto por quienes nos confían
sus trabajos, un cúmulo de anécdotas y de grandes
y pequeñas historias de nuestra aviación y sus personajes.
A
mediados de la década del cincuenta comienza a recibir
pedidos de clientes que buscaban reparar hélices metálicas,
en ese momento gestiona una ampliación de su habilitación
e incorpora los elementos que le eran requeridos por la Autoridad
Aeronáutica. Recibe la valiosa colaboración del
Sr. Juan Torres, por entonces helicista de Aerolineas Argentinas.
En
1965, al terminar sus estudios de técnico aeronáutico,
se incorpora a la empresa Hugo Clerici, quien después de
formarse en el trabajo de las hélices, comienza en los
años ochenta a viajar a los Estados Unidos para asistir
a cursos de entrenamiento en las fábricas McCauley y Hartzell.
En
1985, se retira de la empresa Don José Clerici, quedando
al frente de la misma su hijo Hugo, y trasladandose a su actual
ubicación en la localidad de Castelar.
Hoy,
a más de 60 años del comienzo, seguimos avanzando,
mirando adelante, incorporando nueva tecnología, abriendo
nuevos mercados, y a la vez, manteniendo la tradición familiar
con las hélices de madera que la nueva generación
fabrica para clientes en nuestro país y el exterior.
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